Por qué cada vez más empresas están dejando de depender 100% de CFE (y qué están haciendo diferente)

Todo empieza con una pregunta incómoda

Todo empieza casi siempre igual.

No con un apagón.
No con una crisis.
Ni siquiera con una queja fuerte.

Empieza con una pregunta que se queda flotando después de ver el recibo de luz.

“¿Por qué volvió a subir si operamos exactamente igual?”

Nadie en la empresa hizo nada distinto. La producción fue la misma. Los turnos también. No hubo expansión, ni nuevos equipos, ni cambios relevantes. Y aun así, el costo energético volvió a moverse.

Esa pequeña incomodidad, que al principio se ignora, es la misma que hoy está haciendo que muchas empresas empiecen a replantear algo que durante años nunca se cuestionó: depender al 100% de la Comisión Federal de Electricidad.

Cuando lo normal deja de sentirse estable

Durante mucho tiempo, esa dependencia fue lo normal.
La electricidad simplemente “estaba ahí”. Llegaba. Se pagaba. Punto.

Pero algo empezó a cambiar.

Las empresas comenzaron a notar que la energía dejó de comportarse como un gasto estable. Empezó a sentirse más impredecible, más difícil de anticipar y, sobre todo, más relevante para la planeación del negocio.

Algunas lo notaron desde finanzas, cuando los números ya no cerraban como antes.
Otras desde operación, cuando una variación en el suministro afectaba procesos sensibles.
Y muchas desde dirección, al entender que había una variable crítica que no estaba bajo control.

No fue una alarma roja.
Fue una señal.

El momento en que las empresas empiezan a observar

Lo interesante es que este despertar no lleva de inmediato a una decisión técnica.
No hay compras impulsivas ni cambios radicales.

Lo que ocurre primero es algo mucho más silencioso: las empresas empiezan a observar.

Empiezan a preguntarse cosas que antes nadie preguntaba.

Cuánto consumimos realmente.
En qué horarios se concentra ese consumo.
Por qué hay meses con diferencias tan marcadas.

Cuando esas preguntas empiezan a aparecer, muchas empresas descubren algo incómodo: saben cuánto pagan, pero no exactamente por qué pagan eso. Ahí suele hacerse visible el error silencioso que hace que muchas empresas sigan pagando de más en su gasto energético, incluso cuando su operación no ha cambiado.

Conceptos que empiezan a colarse en la conversación

En ese proceso aparecen ideas nuevas en la conversación interna.

Se empieza a hablar, por ejemplo, de generación distribuida. No como una solución inmediata, sino como una posibilidad que empieza a sonar: producir parte de la energía cerca de donde se consume, en lugar de depender únicamente de una red centralizada. Para muchas empresas, es la primera vez que escuchan el término con atención real.

También empiezan a entender mejor cosas que antes parecían técnicas, como los picos de consumo. Esos momentos del día en los que la demanda se dispara y que, sin notarlo, pueden estar influyendo más de lo que se piensa en el costo final de la electricidad.

Y aparece otro concepto clave: riesgo operativo. No el riesgo de un apagón masivo, sino el impacto real que puede tener una interrupción breve en una operación que no puede detenerse fácilmente.

Nada de esto se traduce aún en decisiones.
Pero todo empieza a ordenar la mente.

Cuando la dependencia deja de sentirse segura

Hay empresas que, al mirar con más detalle su consumo, se dan cuenta de algo incómodo: saben cuánto pagan, pero no exactamente por qué pagan eso.

Otras descubren que dos plantas similares tienen comportamientos energéticos muy distintos.

Algunas notan que la energía nunca había estado en la mesa directiva, hasta que empezó a afectar indicadores clave.

Y ahí ocurre el verdadero cambio.

La dependencia total deja de sentirse segura.
No porque el proveedor sea el problema, sino porque depender de una sola fuente para algo tan estratégico empieza a verse como un riesgo innecesario.

No es desconfianza, es madurez empresarial

Es importante decirlo claro: estas empresas no están buscando “independizarse” del sistema eléctrico.

No están peleadas con la red.
No están reaccionando desde el miedo.

Están madurando.

Entienden que gestionar la energía con más conciencia no es un tema ideológico ni ambiental únicamente. Es una decisión empresarial. De control, de planeación y de visión a largo plazo.

Por eso, lo primero que hacen no es cambiar su modelo energético, sino cambiar la forma en la que lo entienden.

Leer las señales antes de que sea urgente

Si esta reflexión ya empezó en tu empresa, aunque sea de manera informal, es una buena señal. Significa que estás en una etapa de conciencia que muchas organizaciones apenas están alcanzando.

Antes de pensar en soluciones, tecnologías o modelos, vale la pena profundizar en el contexto completo: cómo funciona realmente el suministro eléctrico, qué significa depender de una sola fuente, qué alternativas existen y por qué cada vez más empresas están replanteando su relación con la energía.

Las empresas que hoy se hacen estas preguntas no son las que van tarde.
Son las que están aprendiendo a leer las señales antes de que se conviertan en problemas.Porque, al final, casi todas las transformaciones importantes empiezan igual:
con una duda incómoda… y la disposición de mirar un poco más profundo.

Preguntas que muchas empresas empiezan a hacerse en este punto

¿Nuestro gasto energético realmente refleja la forma en la que operamos hoy o solo lo aceptamos mes con mes sin cuestionarlo?

¿Tenemos claridad de por qué pagamos lo que pagamos en energía o únicamente revisamos el total del recibo?

¿Qué tan dependiente es nuestra operación de una sola fuente de suministro eléctrico?

¿Sabemos en qué momentos del día se concentra el mayor consumo de energía en la empresa?

¿Qué impacto tendría una variación o interrupción breve del suministro eléctrico en nuestros procesos críticos?

¿La energía forma parte de nuestras decisiones estratégicas o solo aparece en la conversación cuando surge un problema?

¿Estamos leyendo estas señales a tiempo o reaccionando cuando el impacto ya es evidente?

Esta reflexión forma parte de una serie de conversaciones que muchas empresas están empezando a tener sobre su relación con la energía.

Revisa el siguiente artículo de la serie Decisiones energéticas que toda empresa debe entender:
El error silencioso que hace que muchas empresas sigan pagando de más en su gasto energético

Conceptos clave

Generación distribuida: Es un modelo en el que la energía se produce cerca del lugar donde se consume, generalmente dentro de la misma empresa o instalación, en lugar de depender únicamente de una red eléctrica centralizada.

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